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🖤 DEP Pare Carlos 🖤 Lamentem profundament la defunció del Pare Carlos i acompanyem als germans franciscans del Convent...

16/04/2026

🖤 DEP Pare Carlos 🖤
Lamentem profundament la defunció del Pare Carlos i acompanyem als germans franciscans del Convent de Sant Esperit en estos durs moments
CARLOS SÁEZ PERETÓ
El Padre Carlos nació el 27 de febrero de 1929 en el pintoresco municipio alicantino de Pego. Sus padres, Simón y Carmen, inculcaron en él y sus hermanos desde temprana edad una profunda devoción religiosa, con especial énfasis en la veneración del Santísimo Ecce Homo, imagen del Cristo humillado, que permaneció como una constante en su vida.
Pronto dirigió sus paso al Convento de la Sagrada Familia de Pego, distante de su casa pocos metros. Allí comenzó su vocación franciscana que, después se fue forjando en diversos conventos.
Dignos de reseñar sus destinos en Cocentaina, Teruel, Argentina, Valencia, Cullera y Jerusalén, entre otros. Sobre todo, le marcó profundamente su estancia en Tierra Santa donde fue destinado al servicio del Santo Sepulcro y que fue para él, un horizonte en su vida. Muchos años dedicó al estudio de los Santos Lugares y sobre todo a las peregrinaciones, miles de personas viajaron tras los pasos del Señor en su tierra, de la mano del Padre Carlos, quien tenía la capacidad de hacer vida aquellas piedras santas en el corazón de los que le oían.
En todos los lugares dejó una profunda huella en su bien hacer y en su profunda piedad. Pero sobre todo fue en este Monasterio de Santo Espíritu del Monte, tan querido para él, donde habitó en diferentes momentos de su vida, donde pudo desarrollar gran parte de su actividad.
Su ejemplo de trabajo, de pobreza material, de piedad, de capacidad intelectual, de colaboración y de verdadero hermano menor, han dejado una profunda huella en todos nosotros. Pero sobre todo nos ha marcado su profundo amor a Cristo Nuestro Señor, a la Virgen María, en su advocación de Madre de la Divina Gracia, y a la Eucaristía que vertebraron su vida.
Creo que puedo decir, y no exagero, que hemos vivido con un santo. Discreto, amable, agradecido. Nunca he escuchado de él una queja, una crítica, un reproche, jamás. Siempre una sonrisa, un gracias en su boca o una oración. Su presencia orante, discreta pero firme, ha sido una motivación para la fidelidad de todos nosotros en momentos, a veces, muy difíciles.
Carlos, te echaremos mucho de menos, nos vas a faltar, porque aquí, eras el alma de esta casa. Pero también vivimos de la esperanza de que, desde el Cielo donde creo que te encuentras, intercederás por nosotros.
Así sea.

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